Tu estás enfermo macho …...
Esto le espetaba Isabel San Sebastian al señor Sostres después de su verborrea lúbrica ante un coro de menores, atentos espero a otros menesteres que no a las palabras del insigne contertulio.
Que haya un pavo de esta catadura no me extraña. Ni siquiera me extraña que le lleven a las tertulias después de haber denostado la figura del recientemente fallecido Labordeta (con el cuerpo aún caliente se permitía chanzas sobre el puño cerrado, etc). Claro que el Maño le habría contestado con alguno de sus por otra parte geniales y oportunos calificativos.
Este individuo se permite además comentarios acerca de la procedencia de los menores, que a sabiendas de que eran de Marruecos y de Cataluña, le induce a pensar que no proceden de colegios, si no de alguna ONG (no se si por lo de Marruecos o por lo de Cataluña). Interesante punto de vista, sobre todo teniendo en cuenta que él mismo es catalán.
No olvidemos además el consentimiento por la tácita, e incluso la aprobación por la risa y la sonrisa a los comentarios por parte de el resto de contertulios, entre los que brilla con luz propia Don Alfonso Ussia, que repachingado en su silla y con un tono que técnicamente podríamos definir como cuartelero le ríe la gracia al tipo con cara de estar encantado.
Todo esto no me extraña, es el día a día de nuestras televisiones, esforzadas en conseguir que nuestro vómito cada vez llegue más lejos, como en esos concursos de lanzamiento de hueso de aceituna, pero en versión gore. Lo que sí me extraña es que la televisión en que el hecho se produce esté más preocupada por empapelar al que ha filtrado la cuestión a los medios de comunicación que en saber que pensarán los padres de todos aquellos niños presentes, aunque sean moritos, que digo yo que también tendrán su corazón.
Tras la polémica generada alrededor de la triste figura de Sánchez Dragó, ahora esto.
Es un no parar. La derechona más feroz ha perdido la vergüenza, antes estas cosas por lo menos las hacían en sus tertulias alcohólicas, lejos de los espacios públicos. No es menos inmoral pero al menos no lo imponían al resto.
A ti te pueden invitar a un espacio de televisión, y allí te ponen a hacer bulto y los tertulianos sueltan lo que les viene sin que tu puedas rechistar. Siendo adultos no hay problema, en el momento que puedas te largas y ya está, pero en el caso de los menores tiene otras implicaciones. Supongo que es educativo llevar a los chavales a ver cómo se hace un programa, pero también me imagino la cara que se le queda al profesor al ver que sus chavales quedan expuestos a diatribas como la que vertió el pajarraco.
Pues eso, que a ver si encuentran al que filtró el vídeo del making off de la barbarie y le crujen. Y al señor Sostres que le paguen por su intervención. Y que le vuelvan a contratar, que desde luego ha conseguido darle una publicidad maravillosa a un programa que algunos no sabíamos ni que existía.
Cosas de la mercadotecnia de los mass-media.
Y luego le llaman cultura, o arte si me apuras.
jueves, 18 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Una mujer sencilla y ejemplar
Hace unas semanas falleció Marcelino Camacho. No puedo decir que yo fuese un fiel seguidor suyo, ni siquiera puedo decir que le tuviese gran simpatía. No conocí su obra de forma directa, y los resultados que de ella me han llegado (la actual C.C.O.O.) no me gustan nada.
Pero es indiscutible su lucha por los derechos de los trabajadores, su entrega y su honestidad, que le llevaron a una vejez modesta económicamente. Eso simplemente ya le hace grande por comparación a lo que estamos acostumbrados a ver.
No me imagino (y a lo mejor es que soy corto de miras) a Marcelino comiendo en el Bulli, o en Zalacaín, no creo ni siquiera que sus recursos económicos dieran para eso, sin embargo parece que no puede decirse lo mismo de sus sucesores al frente de la representación de los trabajadores.
Pero de todo el circo que se montó alrededor de su fallecimiento lo que más me llamó la atención fue la figura de su viuda.
Discreta, a un ladito, sin estorbar, dejando incluso en el entierro el lugar preferente a los políticos ávidos de foto y de televisión.
Me produjo un sentimiento de ternura absoluta.
Toda la vida soportando ir tras los pasos de un hombre que tuvo que ir a la cárcel por rojo, soportando una situación económica menos que justita porque había elegido por compañero a un rojo consecuente, condenada a ver como los demás a su alrededor escalaban socialmente.
Claro que esta mujer no habrá sido una víctima de su elección. Esta mujer es tan Marcelino Camacho como su difunto compañero. Y tan ejemplar como él o más, que para eso ha compartido todos los sinsabores de la militancia renunciando a las mieles de la corruptela a la que de buen seguro podían haber tenido acceso.
Y todos esos políticos indecentes que si han escalado socialmente, que desde luego no han mantenido la misma firmeza y que son de un supuesto rojo mucho más tenue que el del finado y su compañera tienen la desfachatez de dejarla a un lado en el entierro de quien fue su cincuenta por ciento. A ella, a la viuda.
No tienen vergüenza.
Un saludo a Marcelino y mis respetos y mi pésame a su viuda. Sois un ejemplo. Los dos.
Pero es indiscutible su lucha por los derechos de los trabajadores, su entrega y su honestidad, que le llevaron a una vejez modesta económicamente. Eso simplemente ya le hace grande por comparación a lo que estamos acostumbrados a ver.
No me imagino (y a lo mejor es que soy corto de miras) a Marcelino comiendo en el Bulli, o en Zalacaín, no creo ni siquiera que sus recursos económicos dieran para eso, sin embargo parece que no puede decirse lo mismo de sus sucesores al frente de la representación de los trabajadores.
Pero de todo el circo que se montó alrededor de su fallecimiento lo que más me llamó la atención fue la figura de su viuda.
Discreta, a un ladito, sin estorbar, dejando incluso en el entierro el lugar preferente a los políticos ávidos de foto y de televisión.
Me produjo un sentimiento de ternura absoluta.
Toda la vida soportando ir tras los pasos de un hombre que tuvo que ir a la cárcel por rojo, soportando una situación económica menos que justita porque había elegido por compañero a un rojo consecuente, condenada a ver como los demás a su alrededor escalaban socialmente.
Claro que esta mujer no habrá sido una víctima de su elección. Esta mujer es tan Marcelino Camacho como su difunto compañero. Y tan ejemplar como él o más, que para eso ha compartido todos los sinsabores de la militancia renunciando a las mieles de la corruptela a la que de buen seguro podían haber tenido acceso.
Y todos esos políticos indecentes que si han escalado socialmente, que desde luego no han mantenido la misma firmeza y que son de un supuesto rojo mucho más tenue que el del finado y su compañera tienen la desfachatez de dejarla a un lado en el entierro de quien fue su cincuenta por ciento. A ella, a la viuda.
No tienen vergüenza.
Un saludo a Marcelino y mis respetos y mi pésame a su viuda. Sois un ejemplo. Los dos.
Lágrimas comparativamente hablando ...
Hace unos días se levantó cierto revuelo con las declaraciones de Don Arturo Pérez Reverte acerca de las lágrimas vertidas por el ex ministro Moratinos en su despedida del cargo (o quizá realmente por las formas algo bruscas de Don Arturo).
Nada que objetar, ni a lo uno ni a lo otro. Me parece que Moratinos tiene derecho a emocionarse y me parece que el resto también puede opinar que en función del cargo que ostentaba debería saber controlar sus emociones en público.
Hasta ahí bien. Lo peor es compararlo con las lágrimas vertidas por el representante de la españolidad más furibunda en la fórmula uno, Fernando Alonso.
Ayer después de perder sus opciones de hacerse con el campeonato mundial, al terminar la carrera se puso a llorar amargamente. Y eso si que no. El muchacho ha ido de duro por la vida y perdonando a los demás desde que se hizo celebrity. Ha repartido críticas muy poco caritativas a diestro y siniestro, no ha escatimado gestos ofensivos hacia los demás, no ha sido ni buen compañero ni siquiera rival honesto. Bastan con los diferentes trafullos del presente campeonato para sostener éstas afirmaciones. Y ahora al perder echamos las lagrimitas.
Este chico es una víctima de una competitividad en la que si no eres el primero estás acabado. Y no se puede ser siempre el primero.
Algún día también perderá “la roja”, algún día también perderá Nadal, a todos les llega. Vimos perder a Induráin y a otros muchos. Yo por mi parte admiro a los deportistas en general y no me dejo cegar por la camiseta o el origen de los mismos, lo que me permite disfrutar de la competición gane quien gane, siempre que lo haga de forma limpia.
Los que de alguna forma hemos competido sabemos que cuando estás arriba sólo puedes bajar. Y al bajar te queda el recuerdo de lo que hiciste. Y si eres una figura pública queda además el ejemplo de tu calidad humana, del tipo de deportista que has sido, de los amigos que has dejado en el camino, o si no de los cadáveres. Y se te tiene presente por eso.
Fernando Alonso ha hecho trampas, ha discutido públicamente con sus compañeros de equipo, ha sido un niño mimado y se ha quedado sin caramelo. Y por eso la rabieta.
Puestos a elegir prefiero las lágrimas de Moratinos, además se suele presentar aseado y correctamente afeitado, otra diferencia a su favor.
Nada que objetar, ni a lo uno ni a lo otro. Me parece que Moratinos tiene derecho a emocionarse y me parece que el resto también puede opinar que en función del cargo que ostentaba debería saber controlar sus emociones en público.
Hasta ahí bien. Lo peor es compararlo con las lágrimas vertidas por el representante de la españolidad más furibunda en la fórmula uno, Fernando Alonso.
Ayer después de perder sus opciones de hacerse con el campeonato mundial, al terminar la carrera se puso a llorar amargamente. Y eso si que no. El muchacho ha ido de duro por la vida y perdonando a los demás desde que se hizo celebrity. Ha repartido críticas muy poco caritativas a diestro y siniestro, no ha escatimado gestos ofensivos hacia los demás, no ha sido ni buen compañero ni siquiera rival honesto. Bastan con los diferentes trafullos del presente campeonato para sostener éstas afirmaciones. Y ahora al perder echamos las lagrimitas.
Este chico es una víctima de una competitividad en la que si no eres el primero estás acabado. Y no se puede ser siempre el primero.
Algún día también perderá “la roja”, algún día también perderá Nadal, a todos les llega. Vimos perder a Induráin y a otros muchos. Yo por mi parte admiro a los deportistas en general y no me dejo cegar por la camiseta o el origen de los mismos, lo que me permite disfrutar de la competición gane quien gane, siempre que lo haga de forma limpia.
Los que de alguna forma hemos competido sabemos que cuando estás arriba sólo puedes bajar. Y al bajar te queda el recuerdo de lo que hiciste. Y si eres una figura pública queda además el ejemplo de tu calidad humana, del tipo de deportista que has sido, de los amigos que has dejado en el camino, o si no de los cadáveres. Y se te tiene presente por eso.
Fernando Alonso ha hecho trampas, ha discutido públicamente con sus compañeros de equipo, ha sido un niño mimado y se ha quedado sin caramelo. Y por eso la rabieta.
Puestos a elegir prefiero las lágrimas de Moratinos, además se suele presentar aseado y correctamente afeitado, otra diferencia a su favor.
martes, 21 de septiembre de 2010
Veremos una tierra que ponga libertad.
Sentado, con el ceño fruncido. La mirada al infinito, los ojos conteniendo las lágrimas a duras penas. Una mano sobre la otra y la otra sobre el bastón. La gorra de visera bien calada, inclinada hacia adelante. El bigote espeso. A simple vista fiero. Parece que va a gritar. De repente se levanta, como nervioso. Da dos vueltas hacia arriba y hacia abajo, sin ir a ningún sitio.
No está en una sala de espera cualquiera. No espera una noticia. Ya no espera nada. Simplemente no puede creer lo que le está pasando.
Todo cuanto podía sucederle le ha sucedido ya. Es imposible que algo le vaya a sorprender, ni siquiera puede inquietarle su futuro. Ya no.
Ahora su presente es su eternidad y su libertad su cárcel. Nunca nadie pudo apresar su pensamiento, ahora ya nadie podrá ni siquiera intentarlo.
Nos ha dejado José Antonio Labordeta, el de “Arremójate la tripa que ya viene la calor”, el de “Banderas Rotas”, el de “Somos”, el de “Canción de Libertad”. O para ser más exactos ha dejado a los suyos, porque los demás tenemos y tendremos todo cuanto él fue para nosotros. Su música, sus escritos, sus intervenciones en el Parlamento. Eso no nos lo van a quitar.
A nosotros nos queda lo mejor. La persona la perdemos todos un poco, pero las personas son patrimonio de sus seres queridos, no pueden serlo de todos a la vez. Sin embargo la obra si es universal, siempre accesible. Cualquiera podrá poner un disco en el que aquel maño de la voz tosca nos metía por los oídos esas palabras tan bellas al compás de una guitarra que de forma vehemente empujaba las notas musicales entre los versos. Cualquiera podrá también leer sus libros, incluso Youtube nos brinda la posibilidad de recordar sus exabruptos parlametarios (para mi siempre atinados y justos), que eclipsan inmerecidamente un trabajo político intenso y riguroso en defensa siempre de quienes le eligieron.
Algunos tuvimos el placer de verle a menudo cruzando la Carrera de San Jerónimo a la ida o a la vuelta de alguna sesión parlamentaria, siempre con su gesto hosco. A mi desde luego me quedaron siempre ganas de acercarme y estrechar su mano, pero me pudo la vergüenza y el sentido común, porque él no necesitaba estrechar mi mano y lo que se hace entre dos no puede ser beneficioso para uno solo.
Entre todos los homenajes mediáticos que estoy viendo que le caen me ha llamado la atención poderosamente uno de ellos, el que le hace un ex-alumno. Don Federico Jiménez-Losantos. Y me llama la atención porque desde luego habla muy bien de José Antonio, del Abuelo. Y ello me ha llevado a ver entrevistas grabadas de su paso por diferentes programas de televisión en los que Labordeta dejaba ver que aquel afecto era recíproco.
Nada más bonito que ver a dos símbolos ideológicos tan distantes respetarse y hasta quererse, por encima de la política.
Ese me parece el más bello legado. El de saber dejar a cada uno ser lo que es y quererlo en la diferencia.
No soporto a Jiménez-Losantos, yo no soy tan santo como el Abuelo, pero me ha emocionado el respeto mostrado tanto en vida como después.
Y por tanta santidad le viene el castigo, porque hoy Labordeta está a veces sentado y a veces dando vueltas nervioso porque no entiende por qué al final está en en Cielo. Porque él nunca pensó que pudiera existir. Y porque encima ahora es para siempre. Y encima Dios se sabe aquella de “habrá un día en que todos al levantar la vista ….”, y para colmo la canta todo el rato. Y desafina, el tío.
Por lo menos el cachito de Cielo que le ha tocado cae justo encima de Aragón, como en aquella película “Así en el Cielo como en la Tierra”. Porque ni siquiera Dios ha querido separarle de su tierra.
Gracias por todo, majo.
Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
Hemos
perdido compañeros
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.
Vamos
hundiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar
tiempos
futuros y anhelados,
de manos contra manos
izando la igualdad.
Somos
como la humilde adoba
que cubre contra el tiempo
la sombra del hogar.
Hemos
perdido nuestra historia
canciones y caminos
en duro batallar.
Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar
tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.
Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.
Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.
Vamos
a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar
tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.
Somos
como esos viejos árboles.
No está en una sala de espera cualquiera. No espera una noticia. Ya no espera nada. Simplemente no puede creer lo que le está pasando.
Todo cuanto podía sucederle le ha sucedido ya. Es imposible que algo le vaya a sorprender, ni siquiera puede inquietarle su futuro. Ya no.
Ahora su presente es su eternidad y su libertad su cárcel. Nunca nadie pudo apresar su pensamiento, ahora ya nadie podrá ni siquiera intentarlo.
Nos ha dejado José Antonio Labordeta, el de “Arremójate la tripa que ya viene la calor”, el de “Banderas Rotas”, el de “Somos”, el de “Canción de Libertad”. O para ser más exactos ha dejado a los suyos, porque los demás tenemos y tendremos todo cuanto él fue para nosotros. Su música, sus escritos, sus intervenciones en el Parlamento. Eso no nos lo van a quitar.
A nosotros nos queda lo mejor. La persona la perdemos todos un poco, pero las personas son patrimonio de sus seres queridos, no pueden serlo de todos a la vez. Sin embargo la obra si es universal, siempre accesible. Cualquiera podrá poner un disco en el que aquel maño de la voz tosca nos metía por los oídos esas palabras tan bellas al compás de una guitarra que de forma vehemente empujaba las notas musicales entre los versos. Cualquiera podrá también leer sus libros, incluso Youtube nos brinda la posibilidad de recordar sus exabruptos parlametarios (para mi siempre atinados y justos), que eclipsan inmerecidamente un trabajo político intenso y riguroso en defensa siempre de quienes le eligieron.
Algunos tuvimos el placer de verle a menudo cruzando la Carrera de San Jerónimo a la ida o a la vuelta de alguna sesión parlamentaria, siempre con su gesto hosco. A mi desde luego me quedaron siempre ganas de acercarme y estrechar su mano, pero me pudo la vergüenza y el sentido común, porque él no necesitaba estrechar mi mano y lo que se hace entre dos no puede ser beneficioso para uno solo.
Entre todos los homenajes mediáticos que estoy viendo que le caen me ha llamado la atención poderosamente uno de ellos, el que le hace un ex-alumno. Don Federico Jiménez-Losantos. Y me llama la atención porque desde luego habla muy bien de José Antonio, del Abuelo. Y ello me ha llevado a ver entrevistas grabadas de su paso por diferentes programas de televisión en los que Labordeta dejaba ver que aquel afecto era recíproco.
Nada más bonito que ver a dos símbolos ideológicos tan distantes respetarse y hasta quererse, por encima de la política.
Ese me parece el más bello legado. El de saber dejar a cada uno ser lo que es y quererlo en la diferencia.
No soporto a Jiménez-Losantos, yo no soy tan santo como el Abuelo, pero me ha emocionado el respeto mostrado tanto en vida como después.
Y por tanta santidad le viene el castigo, porque hoy Labordeta está a veces sentado y a veces dando vueltas nervioso porque no entiende por qué al final está en en Cielo. Porque él nunca pensó que pudiera existir. Y porque encima ahora es para siempre. Y encima Dios se sabe aquella de “habrá un día en que todos al levantar la vista ….”, y para colmo la canta todo el rato. Y desafina, el tío.
Por lo menos el cachito de Cielo que le ha tocado cae justo encima de Aragón, como en aquella película “Así en el Cielo como en la Tierra”. Porque ni siquiera Dios ha querido separarle de su tierra.
Gracias por todo, majo.
Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
Hemos
perdido compañeros
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.
Vamos
hundiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar
tiempos
futuros y anhelados,
de manos contra manos
izando la igualdad.
Somos
como la humilde adoba
que cubre contra el tiempo
la sombra del hogar.
Hemos
perdido nuestra historia
canciones y caminos
en duro batallar.
Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar
tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.
Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.
Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.
Vamos
a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar
tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.
Somos
como esos viejos árboles.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Arregi, el alto el fuego y un hombre libre
He tenido un fin de semana tonto. Algunas lecturas y las reflexiones inducidas por las mismas parecen haber quitado el cerrojo de algunos cajones que creía cerrados para siempre.
Lo digo desde un punto de vista completamente positivo. Me siento más fuerte y más libre. Y en estas que me encuentro hoy lunes con una entrevista en El País a Joxe Arregi. Me ha emocionado. Le veo como el Peine de los Vientos, azotado por el temporal, a punto de ser arrancado de su propia esencia, aferrándose a su raíz, pero firme, mirando de frente y aún así lleno de bondad.
Pocos sacerdotes nos hablan ya del Evangelio de una forma que yo pueda entender. Estoy harto de amenazas, de verme a mí mismo ardiendo en los infiernos, de no encontrar una luz que me ayude a seguir adelante. Y pocos faros como este Arregi. Un hombre que probablemente no quiere ser ejemplar, que creo que debe de ser famoso a su pesar, pero que encarna como nadie ahora mismo la auténtica persecución a que son sometidos quienes se salen del pensamiento impuesto por la jerarquía.
Estoy a punto de que me de lo mismo lo que le pase a la Iglesia Católica, es más, creo que ya me da igual. No me da igual que millones de personas se queden sin una referencia moral, sin la radiobaliza que les mantiene seguros, pero si me importa un bledo lo que le pase al aparato político, que en eso parecen haberse convertido el Vaticano y sus franquicias.
Arregi nos hace varias reflexiones muy interesantes, recomiendo el artículo (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/sabe/Papa/manda/elpepusoc/20100906elpepisoc_3/Tes). Pero lo que me asalta en este momento es la sensación de que estamos mirando hacia otro lado mientras todo esto ocurre. La iglesia no debería ser únicamente la Curia. La iglesia deberíamos de ser (como Hacienda) todos. Al menos todos los que quisiéramos formar parte de ella. Y algunos nos estamos alejando sin luchar por lo que creemos dejándole la plaza al invasor (que así le considero). Y la cosa tiene su porqué. Nos falta un líder. Y ese líder no es fácil de encontrar porque los buenos católicos, sean sacerdotes o no, se están plegando a la jerarquía por obediencia. Pero ¿y si la jerarquía estuviese equivocada? ¿No tenemos la obligación de obrar en conciencia ante un dilema semejante? Yo creo que nuestra obligación es decir lo que pensamos y obrar según dicta nuestra conciencia. Pero la triste realidad es que el invasor es fuerte, bien organizado y con una estrategia. Y nosotros somos el ejército de Pancho Villa. Es la historia de siempre de la represión y la libertad. Más antiguo que el pis de gato.
Y por otro lado el alto el fuego, que por algún motivo no me ha emocionado. Mi interior apátrida va ganando posiciones y me parece que me va a dar igual al final la bandera. Estoy harto de patrias que se olvidan de las personas, de fundamentalismos en general. Durante mucho tiempo he defendido que los pueblos deben de ser libres , sean grandes o pequeños, para dirigir sus destinos. Ahora estoy un poco decepcionado viendo como esa libertad es moneda de cambio entre unos y otros. Será la ley de la oferta y la demanda, pero no me gusta nada que algunas cosas se conviertan en mercancía.
Siento que mi cabeza se va escapando, que no puedo controlar ciertos instintos libertarios y que va llegando el momento de volverse al monte (literalmente) donde está la verdad absoluta. El hombre frente a sí mismo y frente a la naturaleza. El único diálogo que he entendido siempre y que nunca me ha defraudado. Es mi punto de retorno de toda la vida, mi reset. Así que voy a ir sacando punta a los crampones que el General Invierno está mandando faxes diciendo que va a atacar y esta vez le pienso dar batalla. Nada de cuarteles de invierno, lucha sin cuartel. Y en todos los frentes.
Lo digo desde un punto de vista completamente positivo. Me siento más fuerte y más libre. Y en estas que me encuentro hoy lunes con una entrevista en El País a Joxe Arregi. Me ha emocionado. Le veo como el Peine de los Vientos, azotado por el temporal, a punto de ser arrancado de su propia esencia, aferrándose a su raíz, pero firme, mirando de frente y aún así lleno de bondad.
Pocos sacerdotes nos hablan ya del Evangelio de una forma que yo pueda entender. Estoy harto de amenazas, de verme a mí mismo ardiendo en los infiernos, de no encontrar una luz que me ayude a seguir adelante. Y pocos faros como este Arregi. Un hombre que probablemente no quiere ser ejemplar, que creo que debe de ser famoso a su pesar, pero que encarna como nadie ahora mismo la auténtica persecución a que son sometidos quienes se salen del pensamiento impuesto por la jerarquía.
Estoy a punto de que me de lo mismo lo que le pase a la Iglesia Católica, es más, creo que ya me da igual. No me da igual que millones de personas se queden sin una referencia moral, sin la radiobaliza que les mantiene seguros, pero si me importa un bledo lo que le pase al aparato político, que en eso parecen haberse convertido el Vaticano y sus franquicias.
Arregi nos hace varias reflexiones muy interesantes, recomiendo el artículo (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/sabe/Papa/manda/elpepusoc/20100906elpepisoc_3/Tes). Pero lo que me asalta en este momento es la sensación de que estamos mirando hacia otro lado mientras todo esto ocurre. La iglesia no debería ser únicamente la Curia. La iglesia deberíamos de ser (como Hacienda) todos. Al menos todos los que quisiéramos formar parte de ella. Y algunos nos estamos alejando sin luchar por lo que creemos dejándole la plaza al invasor (que así le considero). Y la cosa tiene su porqué. Nos falta un líder. Y ese líder no es fácil de encontrar porque los buenos católicos, sean sacerdotes o no, se están plegando a la jerarquía por obediencia. Pero ¿y si la jerarquía estuviese equivocada? ¿No tenemos la obligación de obrar en conciencia ante un dilema semejante? Yo creo que nuestra obligación es decir lo que pensamos y obrar según dicta nuestra conciencia. Pero la triste realidad es que el invasor es fuerte, bien organizado y con una estrategia. Y nosotros somos el ejército de Pancho Villa. Es la historia de siempre de la represión y la libertad. Más antiguo que el pis de gato.
Y por otro lado el alto el fuego, que por algún motivo no me ha emocionado. Mi interior apátrida va ganando posiciones y me parece que me va a dar igual al final la bandera. Estoy harto de patrias que se olvidan de las personas, de fundamentalismos en general. Durante mucho tiempo he defendido que los pueblos deben de ser libres , sean grandes o pequeños, para dirigir sus destinos. Ahora estoy un poco decepcionado viendo como esa libertad es moneda de cambio entre unos y otros. Será la ley de la oferta y la demanda, pero no me gusta nada que algunas cosas se conviertan en mercancía.
Siento que mi cabeza se va escapando, que no puedo controlar ciertos instintos libertarios y que va llegando el momento de volverse al monte (literalmente) donde está la verdad absoluta. El hombre frente a sí mismo y frente a la naturaleza. El único diálogo que he entendido siempre y que nunca me ha defraudado. Es mi punto de retorno de toda la vida, mi reset. Así que voy a ir sacando punta a los crampones que el General Invierno está mandando faxes diciendo que va a atacar y esta vez le pienso dar batalla. Nada de cuarteles de invierno, lucha sin cuartel. Y en todos los frentes.
jueves, 12 de agosto de 2010
Agur Jesús
Se marchó sin que nos pudiéramos despedir. Tanto que me he enterado de su muerte ocho años después.
Le echaba de menos, hablaba de él con amigos comunes, nos preguntábamos por su paradero. Pasa con muchos amigos de otro tiempo, pierdes el contacto, el tiempo va distanciándote y al final llega el olvido. Pero en este caso el olvido no había llegado. Decidí buscar alguna pista suya en internet y encontré un nombre igual que el suyo en una relación de fallecidos de un diario. Mismo nombre y misma edad. No quise creerlo. Hice alguna indagación más y pude comprobar que era cierto. Murió en el mes de mayo de 2.002.
Se llamaba Jesús. Tenía cara de niño malo. Pelo rizado alborotado siempre, gafas gordas, ojos maliciosos y una sonrisa que invitaba a hablar.
Tuvo una vida dura fruto de las circunstancias políticas del momento. Sus padres abandonaron Euskalherría porque después de militar en la innombrable su padre abandonó la lucha. Le buscaban Tirios y Troyanos y tuvo que esconderse en el monte. Años ochenta, así como suena, un padre de familia se refugia en el monte en la sierra de Madrid para no ser encontrado. Su madre mantenía la familia con el sueldo de administrativa en no sé qué empresa. Vivían en Entrevías, en plena explosión de la heroína. Todo un ambiente para crecer, pero el destino manda.
Yo le conocí en la mili, en la Cruz Roja. Nos hicimos pronto muy amigos. Compartíamos el amor por su tierra y el amor a la vida que en aquellos años comenzábamos a comernos a bocados. Era un tipo limpio.
Nos reímos mucho juntos. Era el único hombre que he conocido que se enamoraba de las mujeres por su voz. La emisora del puesto de socorro le proveía de innumerables oportunidades. Cuando preveía que le podía salir mal la cita me hacía acudir junto a él para espantar a la señorita que no era de su agrado. Hemos vivido sábados inolvidables en todos los sentidos. Hay mujeres con un grave desajuste entre su voz y su físico. Elixires de fina fragancia en bastas botellas de cristal grueso. Es la magia de la radio.
Llegamos a ser tan amigos que en alguna ocasión nos acercamos juntos a llevar víveres a su padre al monte. No me dejó acompañarle hasta el final, por seguridad, pero fuimos juntos hasta muy cerca. El confiaba en mí, pero su padre no estaría seguro si desvelaba su posición exacta.
En más de una ocasión al bajar yo de mis andanzas por el monte coincidía con Jesús en el tren a la ida o a la vuelta . Yo iba a pasarlo bien, él a asistir a su padre.
Como dije creció en Entrevías, me decía que no quedaba ningún amigo suyo de la infancia, a todos se los había llevado la droga. Y sobrevivió a todo aquello. Ni él mismo sabía explicar cómo se salvó.
Camarero por vocación, eficiente, divertido, discreto. Era un perfecto barman de confianza. Le conocí diferentes trabajos. Le recuerdo como si fuera en esas películas americanas en las que el señor del otro lado de la barra es un amigo, un psicólogo, un consejero. Siempre trabajando de tarde-noche, al cerrar su establecimiento siempre se iba por ahí a tomar algo. Vivía de noche.
Una miserable cirrosis hepática se lo llevó. No sé lo que pasó en los últimos años, pero lo que me importa es que era mi amigo, una buena persona y que lo que no pudo la presión de la droga lo pudo la atracción de la noche.
Jesús, sé que no te gustará lo que escribo, que te parecerá demasiado serio, pero lo necesitaba. Es la única forma de aliviar mi malestar por no haber estado a tu lado.
Le echaba de menos, hablaba de él con amigos comunes, nos preguntábamos por su paradero. Pasa con muchos amigos de otro tiempo, pierdes el contacto, el tiempo va distanciándote y al final llega el olvido. Pero en este caso el olvido no había llegado. Decidí buscar alguna pista suya en internet y encontré un nombre igual que el suyo en una relación de fallecidos de un diario. Mismo nombre y misma edad. No quise creerlo. Hice alguna indagación más y pude comprobar que era cierto. Murió en el mes de mayo de 2.002.
Se llamaba Jesús. Tenía cara de niño malo. Pelo rizado alborotado siempre, gafas gordas, ojos maliciosos y una sonrisa que invitaba a hablar.
Tuvo una vida dura fruto de las circunstancias políticas del momento. Sus padres abandonaron Euskalherría porque después de militar en la innombrable su padre abandonó la lucha. Le buscaban Tirios y Troyanos y tuvo que esconderse en el monte. Años ochenta, así como suena, un padre de familia se refugia en el monte en la sierra de Madrid para no ser encontrado. Su madre mantenía la familia con el sueldo de administrativa en no sé qué empresa. Vivían en Entrevías, en plena explosión de la heroína. Todo un ambiente para crecer, pero el destino manda.
Yo le conocí en la mili, en la Cruz Roja. Nos hicimos pronto muy amigos. Compartíamos el amor por su tierra y el amor a la vida que en aquellos años comenzábamos a comernos a bocados. Era un tipo limpio.
Nos reímos mucho juntos. Era el único hombre que he conocido que se enamoraba de las mujeres por su voz. La emisora del puesto de socorro le proveía de innumerables oportunidades. Cuando preveía que le podía salir mal la cita me hacía acudir junto a él para espantar a la señorita que no era de su agrado. Hemos vivido sábados inolvidables en todos los sentidos. Hay mujeres con un grave desajuste entre su voz y su físico. Elixires de fina fragancia en bastas botellas de cristal grueso. Es la magia de la radio.
Llegamos a ser tan amigos que en alguna ocasión nos acercamos juntos a llevar víveres a su padre al monte. No me dejó acompañarle hasta el final, por seguridad, pero fuimos juntos hasta muy cerca. El confiaba en mí, pero su padre no estaría seguro si desvelaba su posición exacta.
En más de una ocasión al bajar yo de mis andanzas por el monte coincidía con Jesús en el tren a la ida o a la vuelta . Yo iba a pasarlo bien, él a asistir a su padre.
Como dije creció en Entrevías, me decía que no quedaba ningún amigo suyo de la infancia, a todos se los había llevado la droga. Y sobrevivió a todo aquello. Ni él mismo sabía explicar cómo se salvó.
Camarero por vocación, eficiente, divertido, discreto. Era un perfecto barman de confianza. Le conocí diferentes trabajos. Le recuerdo como si fuera en esas películas americanas en las que el señor del otro lado de la barra es un amigo, un psicólogo, un consejero. Siempre trabajando de tarde-noche, al cerrar su establecimiento siempre se iba por ahí a tomar algo. Vivía de noche.
Una miserable cirrosis hepática se lo llevó. No sé lo que pasó en los últimos años, pero lo que me importa es que era mi amigo, una buena persona y que lo que no pudo la presión de la droga lo pudo la atracción de la noche.
Jesús, sé que no te gustará lo que escribo, que te parecerá demasiado serio, pero lo necesitaba. Es la única forma de aliviar mi malestar por no haber estado a tu lado.
lunes, 9 de agosto de 2010
Sonata de estío
Aquí estamos, pasando un calor pegajoso y soportando la habitual programación veraniega de la tele, la radio y de la prensa.
Se ha escrito mucho sobre la programación de Semana Santa, que si Ben Hur, que si La Túnica Sagrada, etc. Pero a cambio no he leído un artículo suficientemente profundo sobre la programación de verano de los medios de comunicación.
Hace años, muchos, nos cascaban en verano los Juegos del Mediterráneo, especie de programa concurso por el que desfilaban desde italianos a la manera del Tirol, hasta griegos, franceses y desde luego españoles. Nunca recuerdo que ganásemos nada, pero era pintoresco y exótico.
Bastantes años después nos conformamos con una versión que hacía un elogio de lo sencillo (llamémoslo de esa forma) y que dieron en titular Grand Prix. Conducido por un eficaz vizcaíno y protagonizado por un cuadrúpedo cornúpeta, llenó muchas tardes-noche de verano con sus chanzas de tono rural (dicho sea de forma caritativa).
Ahora en una vuelta de tuerca mágica y pensando en el ahorro de los grandes de los mass-media nos abruman con reposiciones de lo que nos atizaron en invierno. Por si no estábamos, supongo.
Y el abismo se agranda bajo nuestros pies al comprobar que los que no cogen vacaciones son los protagonistas de ese “mundo rosa”. Esos no ceden en su empeño. Quizá conscientes de que su fama es o puede ser efímera, no desperdician un segundo de “prime time” o de cualquier time para rascar y llevárselo.
Al tiempo, la alternativa de salir a la calle a dar una vuelta se torna desagradable. Y no solo por el calor. Hay que jorobarse lo que se ve por el mundo. En verano parece que se convoquen en todas las poblaciones concursos de mal gusto. No dice uno que sea necesario el chaqué para pasearse bajo la canícula, pero si sería agradable que cada uno guardase para sí lo peor de su anatomía sin que el resto tenga que comulgar con las propias lorzas.
Difiero en muchas cosas con el señor Pérez-Reverte, don Arturo, pero en lo cotidiano he de decir que estoy muy de acuerdo con él y que no me gustan las chanclas, las gorras con la visera hacia atrás, ni la visión de los ombligos con pelotilla, ni que un fulano sentado a mi lado, ya sea en un avión, en un autobús o en un cine de verano me toque con su pierna, y si está desnuda por causa de la indumentaria menos aún. A él debo el único artículo que recuerdo sobre este tema. Viajaba don Arturo en un avión y parece que de forma poco casual se le derramó su café sobre la pierna impúdica, desnuda y pilosa de un accidental compañero de viaje. No lo soportó.
Y yo me veo en las mismas, claro que no soy Pérez-Reverte y me guardo muy mucho de molestar a nadie porque tampoco soy nadie, pero el ratito que estoy pasando este verano es de traca.
Somos cada vez más horteras, hemos perdido ese puntito de respeto a los demás que nos hacía transitar vestidos por la calle, pensar en qué podíamos ofrecer a la gente en verano en los medios de comunicación, etc. Y creo que además íbamos más a gustito. Todos, creedme. Para quién no lo sepa compartiré un secreto íntimo muy útil. Las camisetas de tirantes pueden conseguir irritaciones del sobaco por el roce sudado, y el calzado cerrado evita pisar con el pie semidescalzo, que la chancla abandona a su suerte, esos zorongos de perro mastín que algunos desalmados olvidan al paso de sus canes. Son dos buenas razones para vestirse un poco.
Se ha escrito mucho sobre la programación de Semana Santa, que si Ben Hur, que si La Túnica Sagrada, etc. Pero a cambio no he leído un artículo suficientemente profundo sobre la programación de verano de los medios de comunicación.
Hace años, muchos, nos cascaban en verano los Juegos del Mediterráneo, especie de programa concurso por el que desfilaban desde italianos a la manera del Tirol, hasta griegos, franceses y desde luego españoles. Nunca recuerdo que ganásemos nada, pero era pintoresco y exótico.
Bastantes años después nos conformamos con una versión que hacía un elogio de lo sencillo (llamémoslo de esa forma) y que dieron en titular Grand Prix. Conducido por un eficaz vizcaíno y protagonizado por un cuadrúpedo cornúpeta, llenó muchas tardes-noche de verano con sus chanzas de tono rural (dicho sea de forma caritativa).
Ahora en una vuelta de tuerca mágica y pensando en el ahorro de los grandes de los mass-media nos abruman con reposiciones de lo que nos atizaron en invierno. Por si no estábamos, supongo.
Y el abismo se agranda bajo nuestros pies al comprobar que los que no cogen vacaciones son los protagonistas de ese “mundo rosa”. Esos no ceden en su empeño. Quizá conscientes de que su fama es o puede ser efímera, no desperdician un segundo de “prime time” o de cualquier time para rascar y llevárselo.
Al tiempo, la alternativa de salir a la calle a dar una vuelta se torna desagradable. Y no solo por el calor. Hay que jorobarse lo que se ve por el mundo. En verano parece que se convoquen en todas las poblaciones concursos de mal gusto. No dice uno que sea necesario el chaqué para pasearse bajo la canícula, pero si sería agradable que cada uno guardase para sí lo peor de su anatomía sin que el resto tenga que comulgar con las propias lorzas.
Difiero en muchas cosas con el señor Pérez-Reverte, don Arturo, pero en lo cotidiano he de decir que estoy muy de acuerdo con él y que no me gustan las chanclas, las gorras con la visera hacia atrás, ni la visión de los ombligos con pelotilla, ni que un fulano sentado a mi lado, ya sea en un avión, en un autobús o en un cine de verano me toque con su pierna, y si está desnuda por causa de la indumentaria menos aún. A él debo el único artículo que recuerdo sobre este tema. Viajaba don Arturo en un avión y parece que de forma poco casual se le derramó su café sobre la pierna impúdica, desnuda y pilosa de un accidental compañero de viaje. No lo soportó.
Y yo me veo en las mismas, claro que no soy Pérez-Reverte y me guardo muy mucho de molestar a nadie porque tampoco soy nadie, pero el ratito que estoy pasando este verano es de traca.
Somos cada vez más horteras, hemos perdido ese puntito de respeto a los demás que nos hacía transitar vestidos por la calle, pensar en qué podíamos ofrecer a la gente en verano en los medios de comunicación, etc. Y creo que además íbamos más a gustito. Todos, creedme. Para quién no lo sepa compartiré un secreto íntimo muy útil. Las camisetas de tirantes pueden conseguir irritaciones del sobaco por el roce sudado, y el calzado cerrado evita pisar con el pie semidescalzo, que la chancla abandona a su suerte, esos zorongos de perro mastín que algunos desalmados olvidan al paso de sus canes. Son dos buenas razones para vestirse un poco.
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