martes, 24 de marzo de 2015

Mi amigo.



Hoy vengo a hablar de un amigo, cosa muy seria.

Mi amigo probablemente no querrá que saque su foto, ni su nombre. Pero él sabe que me refiero a él. Su aspecto, para los que no le conocéis, es duro, principalmente porque su envergadura y su forma de vestir le confieren un punto de fiereza. Además su sonrisa aparece en la intimidad, lo que no le impide una exquisita exhibición de buena educación permanente.

Es culto y a la vez inteligente, virtudes que no siempre van de la mano. Y a pesar de la primera impresión que puede causar, es extremadamente sensible. El otro día estuvimos compartiendo cafés y cervezas y no pudo contener la emoción ante uno de tantos dramas humanos que le pasan por delante en el ejercicio de su profesión.

Su profesión está anclada en el barrizal de los recortes a lo social. Trabaja con los más desfavorecidos, con el último batallón de castigo de nuestra sociedad. Y me consta que es bueno, muy bueno. Y la prueba es que se emociona con lo que ve a pesar de los muchos años de ejercicio.

Además es un buen compañero. Pero no de esos majetes que pueblan las oficinas, que a la mínima te dejan en la estacada, si no de los que se baten el cobre por ti poniendo sus intereses a tu disposición si hace falta. Y lo ha probado varias veces. Coherente hasta la náusea, nos deja a los demás siempre por detrás en el cumplimiento de nuestros propios mandamientos. Ateo respetuoso y profundo, de los que no recurren a Dios si la cosa no va bien pero que no persigue a aquellos que desde otras  posturas buscan un bien común.

Comunista no militante, aunque si yo le tuviera que definir le calificaría de internacionalista, pero es muy difícil de definir porque es completamente poliédrico, es igual a  sí mismo. Su integridad política está en cualquier caso fuera de toda duda. Activo como si fuera un chaval de veinte años, pero sabio y lúcido como un anciano de esos al que gusta escuchar batallas.

Amante de la montaña como yo, no hemos coincidido nunca pero hemos pateado los mismos lugares muchas veces. Nuestro ámbito de actuación se restringe a Madrid, aunque en una ocasión nos dimos un interesante rulo juntos por Euskadi, una de nuestras patrias de adopción, aunque ya se que los comunistas y los anarquistas no tenemos más patria que la humanidad. Fue un viaje fantástico.

Hemos cantado (cuando aún yo podía hacerlo), a todo pulmón, incluso bien a veces, las canciones de los viejos luchadores por la libertad. Esa libertad que nos tiene tan preocupados.

Ha conocido de cerca la Cuba de cuando Cuba era Cuba, no la de los hoteles de playa, conoció el Berlín de cuando Berlín era Berlín y no el de la reunificación a base de marcos o de euros. Y ha sido voz crítica de todo lo que ha visto pasar por sus ojos para todo aquel que ha querido escucharle.

Su trabajo le lleva a tratar de mejorar en lo posible la vida de los demás. Y aunque a otro cualquiera le llevaría a la frustración, él se supera así mismo día a día. Le envidio profundamente por ello. 

Me ha acompañado en mis procesos de enfermedad con una lealtad y un cariño que han hecho las horas segundos y que me han reconfortado lo que nadie puede imaginar.

Todos los que le conocemos podemos suscribir estas pobres letras que no le abarcan ni por asomo, pero es que es inabarcable y además estoy seguro de que no le gustaría que le atrape ni nada ni nadie.

Y estoy muy orgulloso de él, porque él me hace mejor persona y más grande. Y porque es mi amigo. Te quiero, mucho, mucho amigo mío.

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