lunes, 15 de noviembre de 2010

Una mujer sencilla y ejemplar

Hace unas semanas falleció Marcelino Camacho. No puedo decir que yo fuese un fiel seguidor suyo, ni siquiera puedo decir que le tuviese gran simpatía. No conocí su obra de forma directa, y los resultados que de ella me han llegado (la actual C.C.O.O.) no me gustan nada.
Pero es indiscutible su lucha por los derechos de los trabajadores, su entrega y su honestidad, que le llevaron a una vejez modesta económicamente. Eso simplemente ya le hace grande por comparación a lo que estamos acostumbrados a ver.
No me imagino (y a lo mejor es que soy corto de miras) a Marcelino comiendo en el Bulli, o en Zalacaín, no creo ni siquiera que sus recursos económicos dieran para eso, sin embargo parece que no puede decirse lo mismo de sus sucesores al frente de la representación de los trabajadores.
Pero de todo el circo que se montó alrededor de su fallecimiento lo que más me llamó la atención fue la figura de su viuda.
Discreta, a un ladito, sin estorbar, dejando incluso en el entierro el lugar preferente a los políticos ávidos de foto y de televisión.
Me produjo un sentimiento de ternura absoluta.
Toda la vida soportando ir tras los pasos de un hombre que tuvo que ir a la cárcel por rojo, soportando una situación económica menos que justita porque había elegido por compañero a un rojo consecuente, condenada a ver como los demás a su alrededor escalaban socialmente.
Claro que esta mujer no habrá sido una víctima de su elección. Esta mujer es tan Marcelino Camacho como su difunto compañero. Y tan ejemplar como él o más, que para eso ha compartido todos los sinsabores de la militancia renunciando a las mieles de la corruptela a la que de buen seguro podían haber tenido acceso.
Y todos esos políticos indecentes que si han escalado socialmente, que desde luego no han mantenido la misma firmeza y que son de un supuesto rojo mucho más tenue que el del finado y su compañera tienen la desfachatez de dejarla a un lado en el entierro de quien fue su cincuenta por ciento. A ella, a la viuda.
No tienen vergüenza.
Un saludo a Marcelino y mis respetos y mi pésame a su viuda. Sois un ejemplo. Los dos.

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